martes, 29 de octubre de 2013
Historia -- León Lugo
Estaba sentado en la banca del bosque, esperando un milagro o esperando a la vida, viendo a las parejas en perfecta armonía y como se reconcilia el amor y la ira.
Con un café italiano en la mano izquierda y un libro en la mano derecha, caminé hasta la orilla del pequeño lago para leer en paz.
No pasaron ni diez minutos, cuando esa paz fue perturbada por tres niños que se acercaron al lago para lanzar piedras, uno de los tres, se acerco con carencía de actitud, con la imprudencia que sólo un niño de cinco años lo hace. Tomó mi libro y lo bajo para ver su contenido.
-Esto no tiene dibujos, por eso tiene esa cara de enojado-
Dijo con una sarcástica sonrisa, como si en verdad él estuviera muy feliz.
-¿Por qué no te vas a jugar mejor? Tus amigos de seguro saben como divertirse. Además ¿Qué no hay alguien que los cuide? Podrías ahogarte en ese charco lleno de popo de gansos.- le dije para que dejara de molestar, ya que eso me incomodaba
- Ahí está mi tía, corrimos lejos de ella para poder lanzarle piedras a los gansos ¿En serio hay popochas ahí en el agua?-
-Sí, más de la que tu haces- contesté un poco más enojado, claro, yo fui quien preguntó, pero eso no lo justifica.
El pequeño niño soltó el libro y miró la portada.
-Yo ya sé leer, mi tía me enseñó- No dije nada, pues no estaba interesado en conversar con él. De pronto escuché una voz dulce para mis oídos, se estaba acercando la famosa tía, muy hermosa por cierto.
-Andrés, deja de molestar al joven... ¿Dónde están tus hermanos? Les dije que no se acercarán al agua-
Ahora el pequeño tenía nombre.
-Andrés, deberías de hacer caso a tu tía- él, con cara de regañado, metió la mano en su bolsillo y sacó un dulce envuelto en papel celofán.
-Toma, a lo mejor con esto se te quita lo enojado...- lo tomé y le regresé esa sonrisa sarcástica que él me había hecho en un principio
-¡Andrés, por favor ve por tus hermanos! La hermosa tía ya estaba a tres metros de mí, sonrojada y bellísima a la vez. Tenía razón, estaba esperando la vida, ella era la vida que esperaba que pasara ese día.
-Disculpa la imprudencia de mi sobrino, espero que no te haya molestado- sonrío sutilmente.
-No para nada, sólo son niños...- mentí, sólo para entablar esa charla, me puse de pie y ella se acercó un poco más.
-¿Quieres tomar asiento?-
-Claro, si no es mucha molestia para ti- asintió gentilmente.
-Sería un placer tener tu compañía-
Noté que sus mejillas estaban de color rosa y fue un pequeño detalle que me fascinó, me encantó, bueno, la verdad me cegó, ya que en ella encontré nuevamente esa paz perturbada.
- Mi nombre es Sofía Medina, es un placer-
-Fernando Montes... Para mí, también es un placer y un gusto- sonreí más de lo que había sonreído en meses.
-¿Así que te tocó cuidar a los pequeños?-
-Sí, mi hermana y su esposo se dieron una segunda luna de miel-
-¿Y la tuya qué tal estuvo?- sonrío sarcásticamente, pense que esto ya es de familia
-No, yo aún no pienso en casarme, quiero vivir en paz conmigo, antes de hacer este gran paso, del cual no estoy segura aún. Pero, la tuya debió ser muy buena ¿No?-
-Para nada, de igual forma no estoy listo para un matrimonio, pero no quiere decir que no esté en mis planes, sólo que ahora no hay nadie que...-
-Que no tienes novia, es eso-
Fue incómodo que lo llamara así, pero no delaté mi incomodidad.
-Sí, la verdad es eso-
-Bien, ya somos dos- y me hizo el regalo de su sonrisa cautivadora.
-No te puedo creer, es que sencillamente no creo que alguien tan linda como tú, no tenga a un caballero a su lado-
-¿Caballero? ¿Aún existen?- nuevamente esa sonrisa sarcástica, que estaba confirmando de que es natural en esta familia
-Sí, aún existimos, yo me considero uno-
-¿Ah sí?...-
-Así es-
La miré y ella estaba alegre y radiante, y yo, sin saber que más decir.
-¿Qué lees?- preguntó.
-Mario Benedetti-
-Me han contado que escribe muy bonita poesía-
-Y no sólo poesía, también muy buenas historias-
-¿Cuál estás leyendo tú?-
-"Andamios"-
-La verdad es que he leído mucho a Mario Benedetti me encanta su poesía más que nada, mi favorito es "Bienvenida" ¿Lo has leído?
-No he tenido la oportunidad, a mí me encanta "Mucho más grave"- la escuchaba con una gran importancia, sentía una gran revolución en la garganta y la boca de estómago y también una clase de mini-infartos en el corazón ¿estaba empezando a sentir una atracción por ella?
-¿Por qué me miras así?-
-¿Te incomoda?-
-En lo absoluto- fue muy concreta al responder.
-Podrá sonar muy incómodo para ti, pero creo que lo tengo que decir, disculpa mi franqueza, que a veces no se si es algo irritante para los demás-
-Venga, puedes decirme, no creo asustarme de lo que venga de ti- habló muy segura de sí y con una ya marcada sonrisa.
-Bueno, aquí voy...- exhalé mucho oxigeno para no trabarme al confesarme.
-Me encanta la manera en que hablas sobre Benedetti, que es mi autor favorito, hay muchas personas que hablan de el sin saber la esencia de sus poemas o lo que quiere transmitir, pero tú, hablas con ese sentimiento que el trata de expresar y me encantas, además tus ojos son muy lindos- fue una reverenda estupidez hablarle de M.B. Cuando en realidad me moría por decirle que me encanta su presencia, que en mi mente todo este tiempo de charla, sólo pensaba en cómo sería una vida con ella.
En un gesto poco creíble, levantó la cabeza y se acerco lenta y confiadamente hacia mí, pensé que habría un beso, pero de repente me susurró al oído:
-Mientes...- la miré a los ojos y haciendo mi pena y modorra de lado me confesé como católico en la iglesia.
-Me encantas, no te conozco y sin embargo, me encantas. Todo éste rato en que hemos charlado, sólo he pensado en robarte un beso, quitar este mechón de tu cabello con mi mano, dibujarte una sonrisa al más puro estilo de Cortázar, tocando tu boca con el dedo de mi mano. He imaginado hasta una vida contigo. Me encantas.-
-No es la primera vez que te observo, te he visto antes aquí mismo, siempre con la misma rutina, observas a las personas, despejas tu mente y comienzas a leer, una hora quince minutos. Te he observado tan de lejos, casi a diario que siento que me he enamorado- confesó lo increíble, lo que nunca imaginé que saliera de su boca.
La tomé de la mano, ella me tomó con fuerza, acerqué mi boca a la suya y no demoramos en fundir nuestro deseo en un beso, sentí que el alma se desprendía de mi cuerpo, sus dulces y delicados labios sabían a el paraíso, una ligera brisa de lluvia rosó nuestras caras, éste deseo tan febril, tan pasional, nunca antes tuvo un mejor escenario, no tuvo el momento perfecto como hasta ahora.
¿El destino es esto?
¿Fue un golpe de suerte?
¿O la vida es tan impredecible que trae cosas pequeñas y grandes personas que te cambian el panorama del paisaje?
La verdad, no lo sé, pero agradezco a esta vida de dolor que hoy me sonríe con la mejor forma de vida, con una linda mujer que a partir de hoy alegra el comienzo de esta nueva historia, un nuevo amor que crece segundo a segundo, pulso a pulso, día con día.
León Lugo.
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